Margarita Acevedo de Navarro

Álvaro Serrano Duarte - Director-Fundador de CORREveDILE.com (año 2004) - Barranquilla, Colombia

 

Juan Carlos Rueda Gómez - Compositor, Escritor, Periodista - Barranquilla, ColombiaAutores: Álvaro Serrano Duarte...  Ver más publicaciones.......►

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¡MARGARITA! DIEZ VUELTAS AL PATIO... ¡DE RODILLAS Y CON LOS BRAZOS EN ALTO!!

— ¿A qué distancia de Galán queda la finca Miralindo? -preguntó-.

— Por el boquerón de la Estrella, pos...a dos tabacos...a pata... y por el otro lado es más lejos pero se puede ir en mula...

Margarita, nacida en Galán el 31 de Diciembre de 1950, es tan frágil como la la que tomaron su nombre. También es una niña muy bonita y hacendosa a sus ese siete años de edad.

La referencia que escuchó de la distancia que hay desde su casa en Galán hasta la finca de su padre es comprensible, porque a esa edad es fácil saber cuánto demoran los adultos en fumarse un tabaco.

Cada mes, durante una semana, le toca el turno de atender las labores de cocina para los trabajadores, sus hermanos y su padre en la finca Miralindo. Ella es la cuarta de siete hermanos y cuando no está ayudando a su mamá en la tienda de Galán, la envían a la finca como encargada de dichos menesteres.

A su edad, siete años, es realmente una agradable experiencia ir a la finca a pesar de que todos los días tiene que estar élipie a las cuatro de la mañana para ayudar a preparar el desayunó para varias personas.

Aunque sus hermanos ya han molido el maíz "pelao", a ella le toca amasar las arepas y asarlas en el tiesto de barro. Cuando todos se han ido, es poco el tiempo que le queda para descansar, porque inmediatamente le toca pelar yuca, plátano, papa, cebolla y demás ingredientes para la preparación del sancocho que debe estar listo a las diez, ya que el jornalero santandereano tiene su reloj biológico programado para almorzar a más tardar a las once de la mañana.

Vendrá después la comida a las cuatro de la tarde. Y si le alcanza la claridad del día, a barrer el piso de tierra de la casa con un escobajo más grande que ella. A estas horas, la pequeña Margarita anhela subir al zarzo a dormir.

Ingresó a la escuela a estudiar su primaria, pero tres años después sus padres venden todos sus bienes y parten a buscar mejores horizontes en Barranquilla. En esta ciudad, entra a estudiar su cuarto año en la Escuela Santana del Barrio Chiquinquirá.

Sus padres toman la decisión de regresar a Galán para que estudie en la escuela. Pero su regreso resultó peor. Nohema, su maestra, le infringió el castigo más cruel unos meses después de regresar. Al no contestar correctamente un examen de Historia Patria, le hizo dar diez vueltas al patrio de la escuela.

El patio era el mismo donde todos días en los minutos de recreo ella y sus compañeros de escuela corrían de un lado a otro, inventando juegos, corriendo o simplemente caminando. Era el sitio añorado por todos los estudiantes de la escuela, ya que allí se suspendían las amenazas y gritos de su maestra. También era satisfactorio recorrerlo en compañía de sus mejores compañeros porque se podía hablar libremente, gritar, llamar, saludar...

Tenía el tamaño aproximado de una cancha de baloncesto o tal vez un poco más grande; estaba bordeado de grandes vasijas hechas en barro que contenían hermosas plantas, que por temporadas daban hermosas y olorosas flores que perfumaban el ambiente. Detrás de las materas había un corredor que accedía a los salones de clases.

El patio estaba tapizado de pedazos de ladrillos de barro rojo. Al caminar en alpargat se sentían las aristas de los cascajos que sobresalían. No estaban pegados al piso c cemento, sino solo esparcidos y el aplanamiento que presentaba se debía al pisar alumnos.

Cuando la drástica maestra sentenció el castigo para Margarita, pareció ser el más benévolo; por, eso ella salió al patio para disponerse a dar las diez vueltas... caminando. Atónita se quedó y todos sus compañeros sintieron terror cuando replicó estridentemente:

¡De rodillas!, ¡so sinvergüenza! Es de rodillas que tiene que dar las diez vueltas al patio...

Margarita, hoy contando la historia enfrente de sus estremecidos hijos Lida Azucena y Rodolfo, no deja entrever ningún resentimiento.

Era la manera en que castigaban a los estudiantes en su época de niña. El ominoso castigo le produjo escoriaciones e infecciones tan graves en sus rodillas que durante dos meses no pudo asistir a clases. Tan cruel experiencia le hizo tornar la decisión de pedir el regreso a Barranquilla. Sus padres la matricularon en el entonces Colegio Mazzarelo, hoy Colegio El Carmen, donde le correspondió como su directora de curso a una "cachaca" que la recuerda como la seño Lola.

AI cambiar de tienda, sus padres la matriculan en el Colegio Central donde termina el Bachillerato Comercial, aunque el no haber aprendido adecuadamente la taquigrafía Pitman le iba poniendo en severo riesgo de no graduarse.

Con título en mano, quiso librarse de las extenuantes tareas de atención en la tienda de sus padres Miguel Acevedo y Rebeca Ardila, en el barrio Buena Esperanza, pero el cumplir con el papeleo y exigencias de la empresa, le hicieron desistir de sus deseos de independencia.

Su noviazgo con Pedro Elías Navarro Quezada, un joven que la pretende desde hace varios años, llega a su fin cuando disponen organizar su matrimonio. En este punto de su relato, su esposo hace una jocosa intervención en que relata los términos fijados por su suegro para visitarla como novio:

— El día que pedí permiso para visitarla -dice Pedro- mientras agita la tiza azul en el taco de billar y su cuñado juega mi suegro me dijo: tiene permiso para que la visite cada tres días, durante dos horas no más; y cuando vayan a salir a cine o a pasear, yo voy con ustedes o sino puedo porque esté ocupado, va con uno de mis hijos... si le sirve, dígamelo...

— Pues, dígame...yo le agradezco su confianza, señor Miguel...-le respondí-,. No podía ser más gráfica su intervención para mostrarnos el rígido sistema educativo y de control de los padres de Margarita, como lo eran en su época el de todas las familias.

Margarita Acevedo de Navarro ha desempeñado diversos cargos como miembro de Junta Directiva de Undeco durante dieciséis años consecutivos, convirtiéndose en la mujer más admirada dentro de la asociación.

Su participación activa en el desarrollo del gremio, hoy es recordada con mucho cariño respeto y admiración por su gran empeño en bien de la más grande asociación de pequeños y medianos comerciantes.

Hoy, considera que dicha participación gremial fue posible a un trabajo en equipo con amigos que coincidieron en sentimientos de solidaridad por el engrandecimiento de las ideas asociativas que inspiran a Undeco.

Iglesia de Galán, Santander, Colombia

 

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