+ Natalia Gnecco

Por siempre Diomedes

El olor a tierra húmeda era tan agradable, que los rayos del sol que inundaban la mañana apenas se sentían. Las aulas escolares se erguían a un lado del sendero, pero el sonido de un acordeón parecía hipnotizar mis pasos hasta dar con de un frondoso palo de mango donde...

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