"Todos ven lo que tú aparentas, pocos advierten lo que eres" NICOLÁS MAQUIAVELO
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Un Vigilante en Apuros

JORGE EMILIO CELIS - Bucaramanga, Colombia-

JORGE EMILIO CELIS - Bucaramanga, Colombia

Una mañana bien temprano y a primera hora, un hombre de cara bonachona tocaba a la puerta de la empresa y saludaba en voz alta:

-Buenos días, señor! vengo por la vacante de celador...

-Un momento...le informaré al jefe y él dirá -le contestó el vigilante. Luego de una hora de espera, por fin el vigilante recibe la llamada que le ordena hacer pasar al solicitante.

 

-Antonio Bravo es mi nombre, Doctor... -responde a la primera pregunta del entrevistador, quien le dice:

-Por su apellido, usted debe ser "bravo" para el trabajo... ¿Estado civil?

-Normal...normal, Doctor...

-Cómo así que "normal". Será soltero o casado...

-No, Doctor, Normal...porque vivo como todo Colombiano: sin trabajo, con hijos y soltero.

-¿Cómo así?, usted no tiene ni mujer?

-La verdad es que tenía una buena mujer, buena hasta para aguantar hambre y un día cualquiera me dijo: "mire antonio, esto no funciona, así que me iré a la ciudad a trabajar. Y un día cualquiera, en el primer vehículo que pasó se fue a la gran ciudad y parece que sí consiguió trabajo porque la veo pasar con el mismo camionero y me dice: "Adiós, Antonio...ya conseguí trabajo... Y pasa de largo.

Sólo una vez llegó a la casa por el resto de la ropa y unos zapatos bien remontados. Decía que esos sí eran buenos para el uso y el abuso y una rumbita de vez en cuando. Así que Doctor, necesito el trabajo.

-Bueno, caballero, hemos hablado de todo, menos de la libreta militar y de sus estudios. Dígame lo siguiente: Libreta Militar...?

-De segunda, Doctor, porque cuando estuve en el ejército me la pasé casi todo el tiempo enfermo y unos días después de salir de la clínica, mientras limpiaba el fusil casi mato al Capitán por que se me salió un tiro...

-Bueno, bueno...-interrumpió el entrevistador- el trabajo es suyo y espero que lo haga bien.

 

Una noche de turno en el club de billares y debido a una fuerte tormenta, pasó lo que siempre sucede con las líneas de alta tensión que disparan la energía, producto de la caída de rayos en las líneas.

Por radioteléfono recibió la orden del supervisor:

-Bravo, baje de inmediato los tacos...

-Sí, señor...-respondió sorprendido el celador e hizo parte de la tarea encomendada-

Luego de unos minutos, lo vuelve a llamar el supervisor y le inquiere si ya bajó todos los tacos.

-No señor, solamente bajé algunos...es necesario que sean todos?

-¡Por supuesto que sí, imbécil!

Antonio Bravo, al darse cuenta de la gravedad de la orden procedió a cumplirla, aunque no comprendía qué relación tenía esa orden con resolver el problema de la sobrecarga de energía. Estaba haciendo lo ordenado, cuando llegó el operador para verificar que se hubiese realizado lo ordenado por el supervisor.

-Qué está haciendo, Bravo? -Lo que está viendo...estoy bajando todos los tacos...

-Pero no son los tacos de Billar, sino los tacos eléctricos...

Antonio Bravo sintió que la situación se le complicaba si el Ingeniero Jefe se enteraba de lo ocurrido, porque ya tenía dos llamados de atención por la manera de cumplir las órdenes que le daban.

El primer llamado de atención había sido porque había dejado entrar tres vacas a una zona industrial y no había valido su excusa de que era para que ellas podaran el pasto y así la empresa se ahorraba el sueldo de jardineros; en la siguiente oportunidad, fue mientras prestaba el turno de celador en el casino, donde tenía la orden de no dejar entrar gatos y había dispuesto conseguir unos perros para que cumplieran la tarea.

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