
Por: Fredy Luis Mozo Polo - Desde Barranquilla, Colombia - fredymozo@hotmail.com
Barranquilla en la ceguera blanca del escritor José Saramago. Advierto que no es un mensaje apocalíptico pero si colinda por los cuatro puntos con el extremo.
En estos dias, caminando por las calles… en un parque del norte de la ciudad me encontré una joya de aviso que dice: “este parque ha sido cerrado por las malas costumbres de los ciudadanos que lo ocupaban”.
Por un instante me pareció encontrarme en la ciega ciudad del maestro Saramago. Aquella ciudad donde una extraña epidemia deja sin vista a hombres, mujeres, niños, y ancianos; sin distingo de clase, profesión con una autoridad que igualmente se vuelve impotente.
Uno a uno todos los habitantes se van quedando ciegos. Ni las imágenes de la iglesia se salvan, todos los ciudadanos buscan la forma de sobre vivir sin interesarles nada. Con tal de salir adelante hacen lo que sea, la ciudad se vuelve un caos, sus habitantes angustiados deben sobre ponerse a las mil y una dificultades: contaminación, basura, desorden vehicular, delincuencia, violencia, aceras ocupadas, carros, motos y bicicletas, todo mal estacionado.
Es apenas un mensaje del gran novelista, como avizora el futuro, no muy lejos y bastante cerca del contexto. La literatura es imaginación que permite pasar de la ficción a la realidad y la ceguera de Saramago se convierte en un buen ejercicio. Seguí en mi paseo y caí en la cuenta que caminaba por una calle de Barranquilla.
Sus… se hicieron los de la vista gorda, y se quedaron ciegos, otros viven aquí y tienen la mirada en otra parte, se olvidaron de los principios éticos y morales que desbordan en la desidia, que no es más, que secuela del dejar hacer dejar pasar, viejo postulado fisiócrata que propone el orden natural de las cosas para mejorar la economía, en el caso de Barranquilla surge como antiestético contagiando a todos los habitantes de la ciudad.
La naturaleza es prodiga e indiferente; y es un hecho innegable que el ser humano no puede vivir al libre albedrío, y dejar que las cosas pasen, realmente preocupa la falta de sentido de pertenencia por la ciudad, que es la actitud de amor y simpatía del ser humano por lo suyo, empezando por el lugar donde reside: calle, manzana, barrio. Si quieres respirar aire puro no contamines más, asea tu casa y entorno.
¿Imagínate una empresa donde los trabajadores no tengan sentido de pertenencia? ¿Como seria una escuela, colegio, o universidad? La falta de este valor humano y social se convierte en karma.
Los parques han sido convertidos en hoteles y moteles de poca monta, donde pelechan los excluidos, sin ninguna clase de protección por parte del estado, otros, lo utilizan para llevar al perro a defecar.
Contaminación, altos niveles de inseguridad, basura regada, desorden vehicular, huecos, cocinas humeando, indigencia desprotegida, indígenas en las esquinas impetrando la misericordia humana, andenes obstruidos, y la viveza acompañada de sus implicaciones políticas y sociales muestran un panorama aciago y nocivo para la ciudad.
En Miami, hace unos meses el pitcher estelar de los Florida Marlins, Dontrelles Willis, fue arrestado por orinar en la vía pública, ante esta situación, aquí no pasaría nada.
El llamado de atención de un ciudadano a otro, termina con el correspondiente hp y no sea…
La indiferencia ante los bienes públicos, consecuencias de la falta de sentido de pertenencia exigen grandes y profundas transforma-ciones sociales; cuando un pueblo es educado cada uno sabe lo que le corresponde hacer, unos con mayor responsabilidad y compromiso que otros por el rango que ocupan.
La ciudad necesita más sentido de pertenencia; la unidad familiar y una buena o mala disciplina escolar son determinantes para volver los ojos hacia ella.
Incuestionablemente, un buen vividero requiere de ciudadanos con un alto sentido de pertenencia y no hay peor ciego que el que no quiere ver. Mientras, la deleznable pasividad nos conduce por los caminos de la indiferencia, la ciudad es consumida por la inefable ceguera.
Apenas la mirada perpleja surge como única luz para que aparezca la lucidez en Barranquilla. Es época de mucho ruido y poca verdad pero también propicia para reaprender; un viejo proverbio de la sabiduría china dice: “Si son para cien años, instruye al pueblo y educando al pueblo, cosecharas cien veces”.
es tu BUSCADOR favorito, úsalo aquí