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La Discusión de un Médico con la Madre de un Niño

ÁLVARO SERRANO DUARTE -Escritor y Tendero-

ÁLVARO SERRANO DUARTE - BARRANQUILLA, COLOMBIA

Antonio Socorrano se desempeña como pediatra en un pequeño pueblo de Colombia. No hace mucho examinó a un paciente: un niño que padecía un problema de secreción nasal.

—Es siempre la misma historia -se quejó su madre-.

Comienza con un catarro, la secreción adquiere un tono verdoso y luego se infectan sus oídos. Sólo tiene dos años y ya ha sufrido cuatro de estas infecciones. Socorrano volvió a examinar al pequeño.

Sin duda, estaba resfriado, pero su fluido nasal era claro, no tenía fiebre y no había inflamación en sus tímpanos. Tampoco existía indicio alguno de un ataque bacteriano.

De repente, cuando daba su diagnóstico, la madre lo interrumpió:

—Lo único que impide que se le infecten los oídos son los antibióticos. El otro médico se los recetaba al iniciarse el catarro. —¡Funcionan perfectamente!. -observó ella-.

—Ellos sólo son una forma de lucha contra las bacterias...-le explicó con detenimiento el facultativo-.

Los síntomas que presenta su hijo son provocados por un virus. No tiene infección de los oídos. Mantengámoslo bajo estricta observación y si desarrolla una infección, entonces, le aseguro, acudiremos a ellos.

—A veces el médico los recetaba por teléfono...-recalcó ella.

—Bueno, es probable que un antibiótico pueda prevenir una infección, pero también es posible que no pueda hacerlo. Hasta podría aumentar la agresividad del germen, lo cual hace que la infección se convierta en un verdadero infierno.

Si así ocurre, tendríamos que recurrir a medicamentos muy, muy fuertes e inyectables con efectos secundarios bastante molestos...

Para ese momentos, la señora ya había escuchado suficiente:

—¡No me importa! Conozco a mi hijo mucho mejor que usted. Quiero los antibióticos... ¡Ahora! -Contestó descontrolada, con gesto autoritario.

—Entienda, por favor, no se los puedo recetar... -Replicó Socorrano con firmeza-. Tengo que ser consciente y por eso no los puedo prescribir...

—Pues, bien, tendré que buscar otro médico. ¡Un doctor que le importen los niños!.

 

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