René Descartes ayer y hoy

Blanca Inés Prada Márquez - Filósofa, Historiadora, Catedrática - Bucaramanga, Colombia

 

 

Autora: Blanca Inés Prada Márquez - Filósofa, Historiadora, Catedrática - Bucaramanga, Colombia ...  ... Más publicaciones........►

 

Hablar de un pensador como Descartes en pocas páginas no es fácil, pero trataré de hacerlo. Nuestro filósofo francés encarná el nacimiento del racionalismo moderno, algunos consideran que es también el padre del ateismo.

Nace el 31 de marzo de 1596 en la Haye, pequeña ciudad en la Touraine, una de las regiones más bellas de Francia, bañada por el gran río Loire, lugar preferido por señores feudales y reyes quienes la embellerieron con hermosos castillos.

Recibe una profunda formación primero con los Jesuitas en la Flèche y después en la universidad de Potieres, donde se gradua de abogado. Paga su servicio militar y se instala en Holanda.

René DescartesLa época de Descartes se caracteriza por una profunda crisis intelectual pero es también una época de renacimiento. Alexandre Koyré –filósofo e historiador de la ciencia– dice que es una época de “incertidumbre y desarraigo”. Europa está pasando por grandes tensiones que podríamos resumir así:

Tradición / Renacimiento.

Poco a poco la tradición y el pensamiento medieval van dando paso al pensamiento renacentista, abierto, volcado sobre los pensadores griegos y romanos, donde se valora mucho más lo humano que lo religioso dándole a todas las manifestaciones artísticas y literarias una connotación humanista.

Reforma / Contrarreforma.

Francia juega un papel protagónico en los conflictos religiosos que se desarrollaron entre 1559 y 1598 entre católicos y protestantes –llamados hugonotes conducidos por el duque de Navarra–.

Nobleza / Burguesía.

El feudalismo ha ido poco a poco cayendo y surge una nueva clase social que se dedica al comercio y que con sentido más liberal propicia el desarrollo de las universidades.

Geocentrismo / Heliocentrismo.

Copérnico publica en 1543 La revolución de las orbes celestes donde plantea una nueva concepción del universo contraria a la que se había presentado desde Aristóteles y Ptolomeo, esta obra empieza a divulgarse en el siglo XVII con Galileo Galilei.

Teocentrismo / Antropocentrismo:

En la Edad Media todo está centrado en Dios. A partir del Renacimiento todo se va a centrar en el hombre, nace el humanismo.

Fe / Razón.

En la Edad Media se considera que la fe está por encima de la razón, o como enseñaba Tomás de Aquino quien planteaba que si las dos no lograban ponerse de acuerdo la razón debía doblegarse a la fe.

Galileo contrario a esta idea plantea la necesidad de separar religión y ciencia porque sus verdades tienen diversos fines: la una gracias a la fe enseñaría al hombre como ir al cielo, la otra gracias a la investigación racional mostraría cómo está constituido el universo, o eso que el vulgo llama cielo.

Descartes irá más lejos planteando que todo debe descubrirse y aprobarse a la luz de la razón, incluso las cuestiones de fe.

En Holanda Descartes se consagra al estudio de todas las ciencias pero particularmente a la física, las matemáticas, la geometría, el álgebra, y la medicina, encontrando que entre más estudia la ciencia más dudas surgen en su espíritu y más inquieto se siente frente al conocimiento del mundo y sus grandes enigmas.

Le Monde ou traté de la Lumiére, fue su primera obra, donde comparte las ideas copernicanas, pero al saber la condenación de Galileo (1634) por sostener el heliocentrismo decidió esconder su obra para no tener problemas con la Igelsia y disfrutar de paz interior y exterior para poder dedicarse a sus investigaciones.

Se consagra entonces a redactar su más conocida obra Discours de la méthode pour bien conduire la raison et chercher la verité dans les science, conocida simplemente como El Discurso del método. La obra fue publicada en Leiden en 1637 junto con tres tratados científicos: La Dioptrique, Les Météores y la Géométrie.

El Discurso del método es considerado como su gran obra filosófica. Se presenta en total ruptura con el pensamiento medieval y se constituye en la puerta de entrada a la modernidad. Allí Descartes formula una servera crítica a todos los conocimientos de su época, incluso a las matemáticas porque le molestaba verlas convertidas en meras fórmulas solo útiles para aplicaciones mecánicas.

Cuestiona todo lo que le han enseñado, todo lo encuentra incierto y plantea su famosa duda metódica. Es decir, la duda como método no como punto de llegada. Descartes duda pero cree en la posibilidad de llegar a la verdad, no cae en el escepticismo de Montaigne y otros pensadores de su época.

Descartes buscaba llegar con su método a encontrar la certeza, una certeza casi absoluta, una certeza personal. Hoy se critica el concepto de certeza pues el investigador no busca la certeza, la cual es siempre individual, sino la “verdad” ­–entre comillas y con minúscula– que siempre es relativa y circunscrita.

En la vida cotidiana se puede hablar de certezas individuales, pero la verdad científica no es individual sino consensual. Yo puedo estar convencido de tener la verdad en algún tema o problema, pero para que mi verdad pueda aceptarse como verdad científica debe ser demostrada y aprobada por la comunidad de los expertos en dicha problemática.

Con la celebre frase del Discurso “Je pense donc je suis” –pienso luego existo– Descartes pretende darle una fuerza extraordinaria al pensamiento humano. El saber no tendrá ahora su fundamento en Dios, ni en un ser ser trascendente, sino en el propio sujeto humano, en la conciencia racional.

Consciente de que es el sujeto quien construye la verdad, Descartes somete a crítica todas las ciencias de su época, pero curiosamente no dice nada de la Teología, a la que más bien elogia. ¿Era sincero en sus elogios o buscaba no tener conflcitos con la Iglesia? Se preguntan algunos de sus críticos.

Lo que si es claro es que Descartes manifiesta una inmensa confianza en el hombre y en sus facultades intelectuales. Sobre el hombre coloca la gran responsabilidad de encontrar la verdad sobre el mundo, de responder por sus errores y de tratar de demostrar lo que afirme.

Considera que si el hombre utiliza bien sus facultades, juzga sólo sobre lo que ve claro y distinto, no se deja llevar por prejuicios ni precipitaciones puede avanzar en el conocimiento de si mismo y del mundo. Descartes afirma la unidad del saber en la razón humana iluminada por la suprema veracidad del creador.

Nuestro filósofo vive en el siglo XVII y las rupturas y los cambios son lentos, o como dice Kuhn –no es fácil romper con los paradigmas–. Aún en su revolucionaria filosofía, Dios sigue siendo un soporte necesario para toda verdad, aún para las verdades humanas, pero el paso hacia la liberación total ya está dado.

En 1640 fueron publicadas en latín Las meditaciones metafísicas con un titulo bien largo donde expresa que pretende hablar de la filosofía primera y demostrar la existencia de Dios como también la distinción real entre el alma y el cuerpo.

Y por supuesto dedica la obra a los decanos y doctores de la Sagrada Facultad de Filosofía de París. Convencido de que a los no creyentes que él llama “gentiles”, solo los convencen las demostraciones, pretende dar demostración de la existencia de Dios con el siguiente argumento:

“Yo soy un ser que duda, esto es, que se equivoca. Dudar es señal de imperfección, pero en mí existe la idea de perfección, luego esta idea no puede venir de mi mismo sino de un ser superior que la puso en mí, ese ser es Dios”.

¿Es convincente el argumento de Descartes? Ni en su época ni hoy nos parece convincente, porque –como diría más tarde Kant– es tan difícil demostrar que Dios existe como negar que exista.

Pero lo que es interesante es que para Descartes Dios no debe ser impuesto por revelación sino descubierto por reflexión y esta seguirá siendo una característica del hombre moderno: tratar de probarlo todo a través de la razón.

Pascal, gran matemático y profundo creyente, criticó en muchos puntos a Descartes y en este punto particular decía: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”. Entre esas razones del corazón ponía Pascal la existencia de Dios y la existencia del alma.

Otro punto importante en la filosofía cartesiana es el mecanicismo: Mecanicismo que se expresa en la idea del “hombre máquina” o la total separación entre el cuerpo y el alma, que él empieza a plantearse en las Meditaciones, pero que desarrolla en el Tratado del hombre, publicado después de su muerte (1664).

Descartes habla de dos clases de cosas: la res extensa (el cuerpo) que es pura materia inerte, y se comporta como una máquina y la res pensante (el alma) que es inmortal y su actividad principal es el pensamiento.

Coloca el alma en la glándula pineal (epífisis) y es ella quien le da la vida al cuerpo. Descartes afirma el dualismo que venía desde Aristóteles y sigue conservando la idea de una alma inmortal, mientras que un poco más tarde su paisano Julien de La Mettrie (1709–1751), médico materialista francés, sostiene en su obra El hombre máquina el mecanicismo cartesiano pero negando que el alma sea inmortal.

La Mettrie no acepta un alma independientemente del cuerpo y piensa que la materia no es inerte, sino que en ella están todos los gérmenes de la vida.

Hoy, con los desarrollos avanzados en el conocimiento del cerebro ha surgido entre algunos pensadores lo que suele llamarse la filosofía de la mente. Un esfuerzo por entender realmente qué es eso que llamamos “mente” o alma o Psiquis.

Y unido a esto está también el deseo de saber ¿Qué es eso que llamamos pensamiento? Sin embargo hoy nadie defiende un dualismo al estilo cartesiano, es decir que aún los más creyentes siguen aceptando que la mente depende del cuerpo o que sin cuerpo no hay pensamiento, al menos un pensamiento expresable.

Se interesó Descartes también en el asunto de la unificación de las ciencias. En 1644 se publicó en Ámsterdam sus Principia philosophiae (Principios de la filosofía), donde entre otras cosas plantea la necesidad de unificar todas las ciencias. Allí dice lo siguiente:

La filosofía es como un árbol, cuyas raíces son la Metafísica, el tronco la Física y las ramas que salen de ese tronco son todas las demás ciencias que se reducen a tres principales, a saber: la mecánica, la medicina, y la moral, es decir, la moral más alta y perfecta que presuponiendo un conocimiento completo de las otras ciencias es el último grado de la sabiduría”

Aquí hay varias cosas para señalar: en primer lugar la Metafísica según Descartes juega en el conjunto de todas las ciencias el papel de la raíz en el árbol. Es como el soporte de todo. Lo que se puede ver es que el pensador francés está preocupado por el derrumbe de la metafísica aristotélica en su tiempo y aboga por darle a la nueva Física un fundamento metafísico.

En segundo lugar están la Mecánica y la Medicina que eran las ciencias más desarrolladas en su época; en tercer lugar está la Moral. Parece ser que Descartes aboga por un conocimiento científico de la moral, lo que en el siglo XX y aún hoy han tratado de desarrollar algunos pensadores con poco éxito.

Sin embargo no puede desconocerse que un mejor conocimiento de la Biología y de la Genética puedan ayudar a entender también mejor la complejidad del comportamiento humano.

El sueño cartesiano de la unificación del saber apoyado en la Metafísica o Filosofía no logró mucho éxito en los siglos posteriores cuando con el desarrollo de las ciencias particulares cada una se fue separando de la Filosofía que había sido considerada desde la antigüedad como la madre de todas las ciencias.

A partir del siglo XVII empiezan a aparecer muchas ciencias cada una con objetos de estudio bien determinados: en el siglo XVII con Galileo, Kepler y Newton nacen la Física, la Astronomía, la Mecánica celeste y la Óptica moderna –ciencias que venían desarrollándose desde la antigüedad pero que ahora van a tomar un impulso especial–.

En el siglo XVIII nace la Química, en el XIX la Biología, la Historia y en el siglo XX todas las demás ciencias que conocemos.

Poco a poco se fue dejando a la Filosofía sin objeto propio de estudio. Hoy la Filosofía se ocupa fundamentalmente de tres cosas:

  • la reflexión sobre el comportamiento humano (Ética) que no puede separarse de la Política;
  • una reflexión general sobre los fundamentos de todo saber (Epistemología) que necesariamente debe estar unido al conocimiento sobre el desarrollo y fundamento de las diversas ciencias, entonces se habla de Epistemología de la Biología, o de la Física, o de la Química, o de otras ciencias;
  • una reflexión sobre el ser (Metafísica).

También se han desarrollado otras corrientes filosóficas como la Fenomenología, la Hermenéutica y la Semántica que tienen hoy muchos seguidores. Pero en general todo lo que tenga que ver con –decir algo sobre el mundo, esto es, con el conocimiento– es responsabilidad de las diversas ciencias.

Si alguien hoy necesita saber algo sobre el mundo no acude a la Filosofía sino a una ciencia particular.

Sin embargo se busca la interdisciplinaridad y un fecundo diálogo entre científicos y filósofos, nada fácil de lograr debido –arguyen pensadores como Prigogine, Popper, Bachelard, De Broglie, Heisenberg, entre otros– al hecho de no tener filósofos con formación científica, ni científicos con formación filosófica.

Volviendo a los aportes de nuestro pensador francés debemos añadir que en los Principios de la filosofía aparece también su principal contribución a la Física –la famosa Ley de la inercia– cuyo principio fue formulado por Galileo, pero elevado a la categoría de ley por Descartes.

Como Francis Bacon, Descartes expresa un gran optimismo frente a lo que podría hacer el hombre si lograra conocer, gracias al método científico, todos los secretos de la naturaleza. Rechaza la filosofía especulativa de las escuelas y aboga por una filosofía práctica que permita al hombre hacerse dueño y poseedor de la naturaleza.

Este optimismo ya había sido expresado por Bacon en 1628 cuando escribió La Nueva Atlántida. Los dos pensadores consideran que gracias al desarrollo científico el hombre podría alcanzar incluso la felicidad. Hoy no somos tan optimistas pues nos hemos dado cuenta de que el sólo desarrollo científico no basta para hacer al hombre feliz, son necesarias muchas otras cosas más.

La deshumanización del mundo, la contaminación ambiental, el desarrollo encaminado más al progreso material que a la calidad de vida, la destrucción progresiva de la naturaleza en aras de su dominación, han obligado a cuestionar el proyecto científico que venía desarrollándose desde Bacon y Galileo y que encontró vía libre con el mecanicismo y dualismo cartesiano.

¿Qué nos queda hoy de Descartes?

Como cualquier pensador clásico Descartes sigue enseñándonos muchas cosas. Sus obras, en particular la Meditaciones y el Discurso del método no sólo son una fuente de reflexión, sino también un buen ejercicio de análisis y un placer intelectual pues Descartes es uno de los pocos filósofos aplaudido por su excelente estilo.

Si bien algunas de sus preguntas ya han sido resueltas, siguen en pie varios asuntos sin resolver, entre otros el tema de la MENTE. No sabemos todavía qué es la mente y por ende tampoco podemos decir qué es el pensamiento y menos asegurar científicamente que el alma sea mortal o inmortal.

Por otra parte, aunque la post modernidad cuestionó severamente al racionalismo y en particular a Descartes por el papel exagerado que le dio a la razón, hoy se sigue pensando que la única manera de construir sociedades más justas y armónicas es dándole, incluso a la sociedad, una organización más racional y menos pasional.

A nuestra sociedad colombiana, por ejemplo, no le caería mal una buena dosis de racionalismo, tal como nos lo enseñó el gran pensador francés.

Para saber más:

CLARKE Desmond. La filosofía de la ciencia de Descartes. Madrid, Alianza, 1986.

DESCARTES, René. Discurso del método. Alianza editorial 2011.

_________________. Discurso del método. Dióptrica. Meteoros y Geometría. Alfaguara, 1977.

________________. Reglas para la dirección del espíritu. Alianza editorial, 2010.

________________. Meditaciones metafísicas. Alianza, 2011.

HUSSERL, Edmund. Meditaciones cartesianas. Madrid, Tecnos, 1985.

KOYRÉ, Alexandre. Estudios Galileanos. México, Siglo XXI, 1981. Es bueno señalar que Koyré dedica muchas páginas de este libro a mostrar la superioridad de Descartes sobre Galileo. Juicio que encontramos bastante exagerado.

 

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