Antoine-Laurent de Lavoisier: El padre de la Química

Blanca Inés Prada Márquez - Filósofa, Historiadora, Catedrática - Bucaramanga, Colombia

 

 

Autora: Blanca Inés Prada Márquez - Filósofa, Historiadora, Catedrática - Bucaramanga, Colombia ...  ... Más publicaciones........►

 

Ha bastado un instante para cortar la cabeza de Lavoisier y tal vez cien años no bastarán para reproducir otra igual”. Lagrange

Continuando con nuestro tema en torno a los más destacados aportes de Francia a la cultura universal hoy comentaremos sobre su desarrollo científico. Los desarrollos de las diversas ciencias naturales en Francia empezaron desde el siglo XVII, y sus logros científicos son muchos.

Si bien los premios nobeles no son la total expresión de un desarrollo científico avanzado, si dicen bastante, y en este campo Francia ha logrado, desde 1901 cuando empezaron estos premios, más de 40 galardonados en las áreas de física, química, medicina y fisiología.

Antoine-Lauren de LAVOISIER y su esposa Marie-Anne Pierrette PAULZEContando además con 15 premios nobel en literatura, 10 premios nobel de PAZ y uno en Economía.

Algo interesante de señalar es que en Francia muchas mujeres optan por estudios científicos y dos han logrado el premio nobel en ciencias: Marie Curie que fue dos veces galardonada con este premio, una vez en física (1903) junto con su esposo Pierre y el científico Becquerel por el descubrimiento de la radiactividad, y en 1911 en química por su descubrimiento del Polonio y otros elementos radiactivos; su hija Irène Joliot-Curie ganó en 1935 con su esposo el premio Nobel de química por su descubrimiento de la radiactividad artificial.

Por otra parte es bueno señalar que Francia tuvo extraordinarios científicos antes del famoso premio Nobel, quienes lo habrían ganado no una vez sino varias veces. Entre otros quiero referirme a dos científicos que admiro muchísimo: Lavoisier y Luis Pasteur. Hoy hablaremos de Lavoisier.

Antoine-Lauren de LAVOISIER nació en París en 1743 y murió allí mismo en 1794. Químico, biólogo y economista, fue con su esposa la –también científica Marie-Anne Pierrette PAULZE– creadores de la química moderna gracias a sus valiosas investigaciones en el análisis del aire, el estudio sobre la oxidación de los cuerpos, el fenómeno de la respiración animal.

Es también el descubridor de la Ley de la conservación de la masa o ley de Lavoisier y que se expresa con estas palabras: “en la naturaleza nada se crea ni se destruye, solo se transforma”.

Lavoisier es autor también de otros trabajos científicos muy importantes como la teoría calórica y la combustión, además de sus estudios sobre la fotosíntesis, y el haber podido aplicando el método científico combatir a la Alquimia –cultivada desde la antigüedad y que pretendía descubrir la transmutación de los metales, los elementos constitutivos del Universo y el elixir de larga vida–.

La alquimia era una mezcla de química, mineralogía, astrología, medicina, misticismo, filosofía, espiritualismo y otros asuntos que retrasó por varios años el desarrollo de la química moderna.

Entre los muchos trabajos importantes desarrollados por Lavoisier está el estudio sobre los gases y una cierta sustancia que por mucho tiempo resultó difícil de clasificar a la que Priestley llamó “aire deflogistizado”, y Lavoisier –después de haber estudiado muy seriamente el asunto– llamó OXIGENO, dando una gran claridad sobre muchos fenómenos relacionados con la combustión, fenómenos que desde la antigüedad no habían podido ser explicados.

Gracias al descubrimiento del oxígeno se pudo también comprender mejor el proceso de la circulación de la sangre explicado por el médico inglés Willian Harvey en 1628, quien había mostrado el recorrido de la sangre por el organismo y su paso a través de las arterias a los pulmones y luego por las venas al corazón, pero no había logrado entender a qué iba la sangre a los pulmones. Con el descubrimiento del oxígeno se comprendió que la sangre iba a los pulmones a oxigenarse, esto es: a purificarse.

El trabajo científico de Lavoisier se caracterizó por un gran rigor en las medidas perfeccionando las balanzas para lograr mayor precisión. En su libro Reflexions sur le phlogistique (1783) derribó la teoría del flogisto debido a su inconsistencia para explicar hechos experimentales.

Estableció además el concepto de elemento químico (el que no se puede descomponer en partes más pequeñas). Y formuló la “Ley de la conservación de la masa” (1775) así: –La masa ni se crea ni se destruye solo se transforma–. Esta es la primera ley básica de la química.

Lavoisier fue el primero en empezar a aplicar el método científico, creado por Galileo, a las sustancias y fenómenos químicos: dicho método exige una profunda observación del fenómeno, o del hecho a investigar, análisis del mismo, formular hipótesis que deben ser comprobadas experimentalmente, para elaborar luego teorías que lo expliquen y puedan ser aceptadas por varios investigadores.

Entre las obras más famosas de Lavoisier podemos mencionar:

- Memoria sobre el mejor sistema de alumbrado de París (1763).

- Memoria sobre las capas de las montañas (1768).

- Consideraciones generales sobra la naturaleza de los ácidos (1778)

- Método de nomenclatura química (1787).

- Tratado elemental de química (1789).

Como muchos hombres de su época fue víctima del dogmatismo revolucionario. En efecto, Lavoisier no sólo fue un gran científico sino también un hombre de negocios.

Con la herencia de su abuela compró la participación en la Ferme generale (la empresa encargada de cobrar los impuestos) y luego se casó con la hija de uno de sus directores.

Él mismo fue fermier generale esto es, cobrador de impuestos del rey por 20 años. Y hay que reconocer que logró almacenar una muy buena fortuna y organizar el mejor laboratorio químico de su época con los más sofisticados instrumentos y perfeccionados microscopios.

En él se reunían los principales científicos franceses y recibían a sus visitantes, entre otros Benjamín Franklin político y científico norteamericano y Joseph Priestley, científico británico, codescubridor del oxígeno y el primero en darse cuenta de su importancia para los organismos vivos.

Acalorados debates tuvo Lavoisier con Priestley en torno a su teoría del “flogisto”, debates en los cuales Lavoisier terminó teniendo la razón.

Lavoisier era un hombre muy inteligente y disciplinado. Dicen sus biógrafos que trabajaba 18 horas diarias: se levantaba a las 4 de la mañana y trabajaba cuatro horas en su laboratorio, luego se iba para la empresa de los impuestos donde trabajaba 8 horas, después le dedicaba 2 horas a la Academia de Ciencias y volvía de nuevo a su laboratorio por otras 4 horas. Tenía numerosos colaboradores a quienes les exigía rigor y disciplina en su trabajo.

En la depuración que trataron de hacer los revolucionarios para acabar con todo aquello que en el antiguo régimen hubiera explotado al pueblo, una de las instituciones más odiadas y que estaba en la mira de todos, era la Ferme gènerale cobradora de impuestos –que según los estudiosos tenía dentro de ella muchos corruptos, quienes no sólo se robaban los impuestos, sino que cobraban más de la cuenta y trataban mal a los contribuyentes–.

Según sus biógrafos, Lavoisier quiso aplicarle a la organización un método riguroso, e incluso encontró métodos para probar que ciertos productos eran chiveados, por ejemplo el tabaco, y trató de imponer disciplina y orden entre los más de 40.000 personas que constituían la tal empresa.

Sin embargo, trabajar en semejante lugar no era ninguna carta de presentación frente a unos revolucionarios que querían cambiarlo todo y sancionar a quienes consideraban sus opresores por muchos años.

Los primeros problemas los tuvo con Jean-Paul Marat –científico y médico– que aunque vivió gran parte de su vida en Inglaterra, durante la revolución fue activista, periodista y político.

Marat tuvo varios enfrentamientos científicos con Lavoisier dentro de la Academia por cuestiones científicas y cuando fue condenado por el tribunal revolucionario escribió varios panfletos en su contra, diciendo entre otras cosas que lo único célebre que había hecho era labrarse un sueldo de más de 100.000 libras.

Lo cierto es que Lavoisier como integrante de Les Fermiers generaux, así haya trabajado con rigor científico para ponerle orden a esta organización y evitar la corrupción, era parte del organismo más odiado entonces por los franceses.

Así las cosas el 24 de noviembre de 1793, once meses después del asesinato del rey Luis XVI (21 de enero de 1793), la convención ordenó el arresto de varios miembros de la “Ferme generale” y la mayoría fueron condenados a muerte, entre otros Lavoisier, quien entonces tenía 51 años.

Parece ser que solo dos o tres científicos se atrevieron a defenderlo argumentando sobre sus valiosas capacidades intelectuales y sus muchos trabajos científicos, pero les contestaron con esta triste frase: “La revolución no necesita sabios, la justicia debe seguir su curso”.

Lagrange –físico, matemático y astrónomo– amigo de Lavoisier y quien le había ayudado en los experimentos que lo llevaron a enunciar la Ley de la conservación de la masa, dijo al día siguiente de su muerte: “Ha bastado un instante para cortar la cabeza de Lavoisier y tal vez 100 años no bastarán para reproducir otra igual”.

Nota Aclaratoria:

La guillotina no fue inventada en Francia durante la revolución. Ya existía una máquina para decapitar a la gente sin tanto sufrimiento y había sido utilizada en otros países.

En Francia, durante la revolución y ante el gran número de personas condenadas a muerte, el médico Joseph Ignace Guillotine pidió a la Asamblea general utilizar un método de ejecución que evitara el sufrimiento de los reos.

Se perfeccionó la máquina existente para decapitar –que parece no era muy eficaz– y se le dio tristemente el nombre del médico que la recomendó “GUILLOTINE”.

Durante la revolución francesa unas 15.000 personas fueron decapitadas, algunas de ellas lo fueron en la Plaza de la Concordia donde hubo más de mil quinientos acusados que pasaron por la guillotina.

Este fue el precio de una revolución que buscaba la libertad y sin duda cambió al mundo, porque éste no volvió a ser el mismo.

Para saber más:

  • MADINSON Samartt Bell. Lavoisier y el nacimiento de una nueva ciencia en la era de las revoluciones. Colección Grandes descubrimientos, 2013.

  • VILLAVECES José Luis. Lavoisier y la revolución francesa”. Villaveces es químico, profesor de la Universidad Nacional y miembro de número de la Academia Colombiana de Ciencias.

 

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