La Honestidad como imperativo Ético

Blanca Inés Prada Márquez - Filósofa, Historiadora, Catedrática - Bucaramanga, Colombia

 

 

Autora: Blanca Inés Prada Márquez - Filósofa, Historiadora, Catedrática - Bucaramanga, Colombia ...  ... Más publicaciones........►

 

Obra de tal manera que pueda desearse que la norma de tu acción se convierta en ley universal” (Inmanuel KANT).

Uno de los filósofos modernos que más trabajó el tema de la Ética fue Immanuel Kant (1724–1804) filósofo prusiano, considerado como el más caro representante de la filosofía alemana.

Interesado en las leyes naturales desarrolladas por Galileo, Kepler y Newton que eran brillantemente explicadas en sus clases, pero también por las obras de Rousseau, Leibniz, Wolff o Hume, entre otros de sus pensadores contemporáneos.

Según Roberto Rodríguez Arango, en su introducción a las Lecciones de ética, de Kant (Barcelona, Crítica. 1988, pg. 7-8), sus alumnos lo consideraban como un “verdadero maestro” a quien nada digno de ser conocido le era indiferente.

Pues bien este gran maestro es exponente de una de las reflexiones y análisis más profundos en torno a la educación ética de la humanidad.

Entre los muchos temas tratados por él en torno a la ética está el de la AUTONOMÍA heredada de Rousseau, que ya había sido planteada por autores como Tomás de Aquino, pero con un sentido más teológico que filosófico.

Para Kant y Rousseau la “Autonomía” va a significar que toda norma legal es legítima sólo si se ha creado con la libre participación de quienes están sujetos a ella. Pero Kant le añade algo más: tal decisión solo puede comprenderse dentro del marco del “Imperativo categórico”.

Veamos:

Rousseau había dejado en el Contrato social (1762) una serie de contradicciones entre otras esta: ¿cómo puede una voluntad individual obrar siempre en justicia y armonía para el bien de la totalidad como si fuese la expresión de una sola voluntad?

Rousseau con su idea igualitaria del hombre llega a pensar que éste es capaz, en un momento dado, de renunciar a sus propios intereses en favor de la voluntad general y elaborar leyes que beneficien a toda una determinada comunidad.

Aterrizando digamos: ¿Cómo lograr que unos congresistas que han sido elegidos para servir a la comunidad –pero que tienen sus propios intereses– logren liberarse de ellos y pensar en su comunidad, en todo el país y ni siquiera en quienes los han elegido, sino en aquello que de verdad beneficie a toda la comunidad, digamos en nuestro caso a toda Colombia?

Esto a simple vista parecía solo un simple buen deseo de un idealista y “moralista” –dicen algunos– como Rousseau.

Enmanuel KantPues bien, Kant logra con su “imperativo categórico” mostrar cómo y en qué sentido las voluntades autónomas de los individuos pueden entenderse como voluntades constituyentes de la voluntad general.

Kant habla de estos imperativos en las distintas obras relacionadas con la filosofía práctica: La metafísica de las costumbres o filosofía del derecho; La Paz perpetua; La crítica de la razón práctica; y las Lecciones de ética. Pero la formulación explícita de dichos imperativos está en la Metafísica de las costumbres.

Para Kant la razón tiene dos grandes finalidades: una cognoscitiva y otra práctica. La ética está naturalmente relacionada con la razón práctica la cual nos conduce a la idea del DEBER.

El hombre puede obrar por deber o por inclinación egoísta. Cuando se obra por deber la motivación está en que hemos descubierto la necesidad de obrar así, independientemente de nuestros intereses particulares.

Incluso independientemente de si logramos tener éxito con nuestra acción. Lo importante es que tuvimos la buena voluntad, la intención de obrar bien. La razón nos muestra que si obramos de acuerdo al DEBER lograremos un bien mayor para todos e incluso uno mismo puede salir beneficiado.

A algunos biógrafos de Kant les molesta su insistencia en el DEBER, pero parece ser que él, que tenía un mejor conocimiento de la debilidad de la naturaleza humana, no piensa en la noble “ áreté” o excelencia humana de los griegos, como algo fácil de lograr, sino en el esfuerzo, autodominio y ascesis que exige al hombre llegar a obrar por DEBER y no por inclinación egoísta. Kant era consciente de que la voluntad necesita ser educada para lograr obrar siempre con rectitud, con honestidad.

¿Cuál es el único principio de la voluntad que debe orientar las acciones morales de un hombre racional? Se pregunta Kant y responde enfáticamente: “Obrar siempre de tal manera que pueda desearse que mi manera de actuar se convierta en ley universal”

Siempre que alguien se ve enfrentado a tomar decisiones que pueden afectar a sí mismo u a otras personas, debería preguntarse: ¿Qué pasaría en el mundo, o en mi país si todos obrasen como yo?

Si por ejemplo yo hago una promesa con la intención de no cumplirla y en efecto no la cumplo, la consecuencia sería que ya nadie creería en nadie. Los ejemplos pueden multiplicarse.

¿Qué pasaría –me pregunto yo– si en nuestro país desde el hogar, pasando por la escuela, el colegio, la universidad, la empresa y en fin en todas las instituciones, se nos enseñara a decir siempre la verdad, a obrar siempre con rectitud, con honestidad?

El resultado sería que tendríamos un país mucho más desarrollado en el mejor sentido que se le puede dar a esta palabra.

Pero si además de enseñarnos a ser HONESTOS siempre y en cualquier circunstancia, se sancionara muy severamente al ladrón, en particular a los ladrones de cuello blanco, el resultado sería que tendríamos recursos suficientes para desarrollar una educación de calidad en todo el país; dinero para construir metros, carreteras y demás medios de transporte modernos; recibiríamos una excelente atención en salud; el campo sería cultivado por campesinos que disfrutarían de agua potable y electricidad y habría trabajo para todos porque el desarrollo del país da trabajo; lograríamos vivir en ciudades hermosas, limpias, agradables, con muchas zonas verdes y menos polución; todos nos preocuparíamos por el cuidado del medio ambiente –nada de ríos contaminados; habría mayor solidaridad, ayuda mutua y ningún niño moriría de hambre.

Pienso que hasta podríamos competir con los países más desarrollados del mundo porque lo tenemos todo: gente alegre, talentosa y trabajadora; agua en abundancia; tierras muy productivas; todos los climas del planeta; muchos y caudalosos ríos; dos mares y mil cosas más. Sólo nos hace falta LA HONESTIDAD.

Este imperativo ético debería guiar todas las actividades políticas, educativas, sociales, científicas y tecnológicas. Porque si queremos convertirnos en el “país mejor educado”, lo primero sería desarrollar una educación ética de toda la sociedad que nos permita llegar a ser “el país más honesto”. Sin honestidad toda empresa, por maravillosa que parezca, fracasa.

Para saber más:

KANT Inmanuel. La metafísica de las costumbres y Lecciones de Ética. Crítica, 1998.

 

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