Zapatoca fundadora de San Vicente de Chucurí

Augusto Gómez Serrano  -  Empresario  -  Bogotá, Colombia

 

 

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Autor: Desconocido

Pocas poblaciones han tenido tantos intentos de fundación, como San Vicente: los espesos bosques de sus cordilleras, su clima cálido, que se creía malsanos, sus terrenos muy accidentados y los raudales de sus ríos sin puentes sólidos, mantuvieron esa inmensa región casi en total aislamiento, hasta finales del Siglo XIX.

Narra Fray Pedro Simón, que el capitán Bartolomé Hernández salió del pueblo de Chianchón y se internó en tierra de los Yariguíes; trató luego de fundar una ciudad en nombre del Rey, el 20 de octubre de 1552, llamándola “Ciudad de León”; organizó la ciudad y eligió Alcalde, Regidor y Escribano.

Don Martín Galeano, al saberlo, le recriminó la fundación por haber sido sin licencia de la Real Audiencia, y los Yariguíes, poco tiempo después arrasaron la población, dando muerte a algunos soldados y la “Ciudad de León”, que se encontraba situada cerca del camino de que Zapatoca va hacia la parte izquierda del río Magdalena, desaparecieron.

Otro preludio del actual San Vicente fue la Parroquia de “San José de la Llana”, erigida el 29 de septiembre de 1767, con el nombre de “San José del Carare” y cuya existencia fue posible debido al celo del Misionero, Padre José Joaquín de la Llana y Altamirano.

Iglesia de San Vicente de Chucurí, Santander, ColombiaEsta otra fundación tuvo igual efímera existencia, según consta en el Acta de visita del Cura Vicario de La Tora de San Bartolomé, del 8 de septiembre de 1797, que dice: “Vacante por inapetencia misionera y clerical…. Todo mundo la rehuye por incapacidad y malsano de su terreno; desde La Tora atenderemos su feligresía en cuanto podamos y valgamos”.

Bustillo de Oro o San Vicente

En los meses de abril a julio de 1803, los misioneros dominicos, Fray Juan Felipe Atuesta y otros compañeros, evangelizaron la extensísima región nor-occidental de Zapatoca, recorriendo la región de la “Quebrada del Ramo”, en el sitio ya habitado de Betulia, las montañas de La paz, los desmontes de La Llana y el sitio del “Bustillo de Oro”.

Este último lugar era el dominio de los Yariguíes y debe su nombre a una estatuilla de oro, que era el ídolo principal de la tribu y el centro de sus fiestas religiosas. Los frailes dominicos informaron al Arzobispo de Santafé que, “el paraje en que se asienta el “el Bustillo de Oro” es firme, fresco y de aguas saludables; en el momento tiene una capilla pajiza, casa para el cura y se pueden contar unas cuarenta casas de bahareque, con su plazuela y calles rectas”.

El padre Atuesta propuso a los vecinos el nombre de este sitio, asignándole un Patrono y todos de consenso quisieron que en adelante llevara el nombre de “San Vicente Ferrer”; viene después la reconquista española y el sacrílego Villabrille se atrevió a crear allí la Parroquia de San Vicente de Chucurí o Bustillo de Oro, el 16 de junio de 1816, para que sirviera de escala en la apertura del camino al Puerto de la Colorada.

El Arzobispo de Santafé quiso subsanar la situación irregular creada por Villabrille e hizo la verdadera erección de la Parroquia de San Vicente, el 4 de enero de 1817, pero el Párroco nombrado renunció y no tuvo sucesor. Después, en 1819, sellada definitivamente la Independencia, los sobrevivientes de “La Niebla” prendieron fuego al poblado, del cual no quedaron sino muy pocas casas.

Nuevo intento de fundación de San Vicente de Chucurí

El Archivo Parroquial de Zapatoca guarda los documentos de un nuevo intento para restablecer la Parroquia de San Vicente de Chucurí, a mediados del Siglo XIX: el 14 de abril de 1840, el Sr. Arzobispo de Bogotá, pidió al cura de Zapatoca un informe sobre “el posible restablecimiento de la Parroquia del Bustillo de Oro”, inaugurando la Iglesia de aquella Parroquia con la celebración de la Eucaristía.

En el archivo parroquial de Guane se conserva una nota del Sr. Gobernador de la Provincia, del 26 de octubre de 1847, en la cual se comunica al Cura del Distrito de Guane, sobre la reapertura del Distrito Parroquial del “Bustillo de Oro” que “los pobres de esa provincia puedan ir a San Vicente a cultivar gratituitamente sus tierras amparados con los privilegios de que no se disfruta en ningún otro distrito parroquial de la Provincia; los pobladores de San Vicente están exentos por el término de diez años de pagar diezmos y primicias de los frutos que cosechen; lo están de pagar óleos, casamientos, entierros y lo están finalmente de ser reclutados para el ejército y La Marina; pueden los nuevos pobladores trabajar allí los terrenos que quieran sin otra formalidad que someterse a las disposiciones que se dicten para el alinderamiento de sus calles”.

Pero al Presbítero Francisco Gómez no le fueron tan gratos y saludables los aires de su Parroquia de San Vicente, renunciando irrevocablemente a su curato, alegando que su vida estaba amenazada por las fiebres ya adquiridas y le comenta igualmente al Sr. Arzobispo que no hay necesidad de que nombre otro cura, porque el pueblo está prácticamente desierto, que el mismo Alcalde emigró hacia El Socorro y que nadie acude a la cabecera municipal, porque el pueblo de San Vicente desaparece nuevamente, ya que solo contaba con 49 habitantes.

Fundación del actual San Vicente de Chucurí

Según la Ley 112 de 1880, el Presidente del Estado Soberano de Santander ordena la creación del “Corregimiento de San Vicente de Chucurí”, bajo la siguiente dominación:

“Por el Sur, con el río “Cascajal”; por el Oriente, toda la Cuchilla de” Piedras Blancas”; de sur a norte, hasta encontrar la demarcación del Corregimiento de “Chucurí”; por el Norte, los límites de este Corregimiento, de oriente a occidente, hasta llegar al río “Chucurí”, éste arriba, hasta donde la entra la quebrada “La Llana”; ésta arriba a la cumbre del cerro de “La Paz”; por el Occidente, la base occidental de este Cerro y del alto del “Guadual”, en dirección sur hasta dar al río “Cascajal”.

“Mientras el Poder Ejecutivo dispone otra cosa, queda facultado al Jefe Departamental de Guanentá para nombrar los Corregidores, en calidad de interinos y dictar las otras providencias relativas a su posesión y funcionamiento de la entidad….;

Dado en El Socorro, a 27 de mayo de 1881”.

Esta es por tanto la fecha oficial de la fundación del actual San Vicente de Chucurí.

La primera autoridad civil de San Vicente fue su mismo Fundador, Don Sacramento Tristancho. La erección del Distrito Municipal tuvo su origen en el Decreto del Gobernador del Departamento de Santander, Dr. Alejandro Peña Solano, del 30 de septiembre de 1887.

El 15 de enero de 1898, el Ilustrísimo Sr. Evaristo Blanco, Obispo del Socorro, en vista de que el Sr. Sacramento Tristancho había hecho donación del terreno para la construcción del Templo y de la casa cural, creó la Parroquia de San Vicente bajo el patrocinio de la Inmaculada Concepción y como titular, San Vicente Ferrer.

SAN VICENTE, VISTA POR MANUEL ANCÍZAR EN SU PEREGRINACIÓN DE ALPHA

En mitad de las soledades de los bosques y tierras de Betulia y a seis leguas al Noroeste de Zapatoca, se halla el pueblo de San Vicente con 500 vecinos (en 1850) segregados de la vida civil, sin artes, sin comercio, y subsistiendo de los dones inagotables y casi espontáneos de la tierra calentada por un sol abrasador.

Preténdase que hay camino entre Zapatoca y San Vicente, y que puede continuarse desde este punto al Magdalena por el Opón; mas tengo para mí que una senda trazada por encima de ásperas serranías y que en la bajada de la Cuchilla del Ramo desciende sin interrupción 1.500 metros por escaleras de piedra y barrizales pedagogos, no es camino, ni menos puede ser la vía mercantil que hay de relacionar la provincia del Socorro con el Magdalena; y esto sin contar con que la ruta del Opón no sirve en el invierno, porque todas las tierras bajas están anegadas, ni en verano sirve, porque no hay agua para navegar el río desde donde es menester. Júzguese, pues, de lo acertado que habrá sido el gastar sumas gruesas de dinero, como se ha gastado, en abrir tal camino y en colonizar el Chucurí.

Fotografía panorámica de San Vicente de Chucurí en el año 1930Los golpes de vista grandiosos, los paisajes enteramente nuevos, jamás representados sobre lienzo alguno, son frecuentes en nuestros Andes; pero, los que se disfrutan desde los parajes en que colindan las dos regiones que llamaré superandina y subandina, cuando uno se halla en la cumbre de la cordillera, es decir, en tierra fría, teniendo a los pies repentinamente las selvas, ríos y llanuras de la tierra caliente, no son comparables con nada de lo que estamos acostumbrados a ver, ni hay acaso pincel que pueda representar este conjunto sublime y tumultuoso de dos naturalezas tan diversas, que sólo en la pujanza y variedad de las formas se asemejan.

El observador se encuentra oprimido, y cuando puesto en pie sobre el borde de la insondable cima penetra la mirada en el espacio inferior, surcado calladamente por el tardo vuelo de los buitres, un estremecimiento involuntario se difunde por el cuerpo, y casi pudiera decirse que se siente allí la presencia de Dios.

Tiempo vendrá en que todo esto se halla utilizado y vivificado por la poderosa civilización de pueblos libres. Entonces las miras del Creador al haber puesto aquí en escalones todos los climas y todas las riquezas del mundo, serán cumplidas; y la América escribirá en su historia páginas que nada tendrán de común con los sufrimientos del viejo hemisferio, ni con las ruines crónicas de sus reyes.

RESISTENCIA CULTURAL FRENTE A LA GUERRA

San Vicente de Chucurí ha sido por décadas lamentablemente reconocido porque sus tierras fueron nido de la violencia, una imagen que persiste en el imaginario de la gente, pese a que la realidad dista mucho de la historia de sangre que le tocó vivir.

Pocos saben las historias que su paisaje ha conocido, desde antes que fuera fundada por Sacramento Tristancho y establecida como Parroquia en 1818, más de cien años antes de la fundación de Barrancabermeja, por lo cual muchas de las leyendas porteñas se entremezclan con las chucureñas, como cuando por allí pasó Gonzalo Jiménez de Quesada y su lugarteniente Gonzalo Suárez Rendón quien se separaría de su señor luego de caer a un río (Saravita) que posteriormente llevaría su apellido (Suárez); o como las múltiples historias del Cacique Pipatón, la princesa Yarima y el cacique Maldonado.

Pero más acá en la línea del tiempo, también allí Geo Von Lengerke hizo llegar sus caminos, con la particularidad que éste se adentra por el bosque invitando a la Serranía, otrora llamada de Los Cobardes, hoy reivindicada a los indios que la habitaron por su ladera occidental.

Tiempo después, por ese mismo camino que conduce a Zapatoca llegó el primer automóvil a San Vicente. Historias menos gratas hablan, no sólo de sangrientas peleas entre indígenas y colonos, una de las más famosas todavía recuerda cómo un niño indígena fue capturado y luego de 15 días murió de rabia sin probar alimento y bebida.

Las historias que tienen que ver con los indios mantienen un estilo épico y romántico, que por lo menos disimula los horrores de la guerra, espíritu que se mantuvo en las guerras de independencia, pero que se acabó con las fraticidas guerras civiles, bipartidistas y más tarde de guerrillas y paramilitar.

Hay que recordar que fue San Vicente la primera población de Colombia donde el Ejército de Liberación Nacional (ELN) hizo su aparición en un marcha pública en 1964, un año antes de su aparición militar con la toma de Simacota; más adelante, las huestes funestas del paramilitarismo entraron a disputarle el terreno a los subversivos arrojando a estos y a muchos civiles en el tristemente célebre Hoyo Malo.

Pero, en los años 80, paralelo a la época en que San Vicente fue más catalogado como “zona roja” fue surgiendo un espontáneo movimiento pacífico que sin proponérselo se haría frente a la guerra. De esta manera, en medio de la desesperanza de los jóvenes y de los adultos con necesidades artísticas, se decidieron a crear espacios culturales para distraer a la muerte en su terruño y organizar oficios que se habían conservado en el tiempo, como el centenario arte de las cantaoras.

Por esta razón, el proceso natural en San Vicente de Chucurí nace en primera medida como una respuesta, como una necesidad ante los hechos violentos, la necesidad de pensar y soñar en un estilo de vida diferente para los jóvenes, 20 años después, es decir, en estos tiempos. De esta manera, en San Vicente se comenzó a activar la cultura con la creación de nuevos colegios y diferentes grupos artísticos y culturales.

Fue así como se creó el DECA (Departamento de Expresión Cultural y Artística), dos bibliotecas y diferentes grupos artísticos, en la música, la literatura, la danza, el teatro, que entre otras, le arrebataron los niños a la guerra, negándole el uso de las armas a cambio de un libro o un instrumento musical.

Entre los Acuerdos municipales, se creó el 027 de 2003, donde se decretó la formación de escuelas artísticas y otros más declararon la creación de sitios de interés turístico, cultural e histórico. El Centro Cultural Municipal fue incluido dentro del Programa de Salas Concertadas, permitiendo que grandes eventos fueron presentados allí; donó, en 2005, 55 millones en instrumentos para la banda municipal y lo vinculó al programa de la Maleta de Películas, que llevó nuevamente el cine, desde el ancianato, hasta la cárcel.

Los festivales más importantes de Bucaramanga, como el Internacional de Piano y Abrapalabra tienen una cita obligada en San Vicente todos los años. En la música, el proyecto Escuela de Banda Municipal Yariguíes cuenta con alrededor de 110 jóvenes, habiendo logrado diferentes distinciones nacionales; la Escuela Municipal de Violines reúne 55 integrantes; se reactivó el Coro Juvenil Municipal; la Escuela Municipal de Cuerdas Folclóricas posee 60 participantes de todas las edades que interpretan la guitarra, el tiple y la bandola; fue creada una banda de 36 instrumentos en el Corregimiento de Yarima.

En teatro, se han realizado (hasta el año 2006) 13 versiones del Festival Nacional del Teatro Estudiantil y un grupo local ganó el “Vetusta Nova”, en Bogotá, como el mejor grupo de teatro a este nivel. Desde 1990, la Escuela de Danza Folclórica “Caña Brava” se ha renovado constantemente y en 1997 fue reconocido por el Ministerio como “El mejor trabajo de investigación en puesta en escena”.

Este, tal vez, ha sido el espacio más exitoso debido al número de sus galardones, sus participaciones nacionales e internacionales, y todo el proceso, en general, que han construido desde su fundación.