Fácil estremecer el corazón; pero a pocos se les mueve el sentimiento solidario

Álvaro Serrano Flórez - Profesional en Negocios y Proyectos Comerciales - Barrancabermeja, Colombia

 

 

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Jairo Cala OteroAutor: Jairo Cala Otero

─ ¿Por qué le regalaste un almuerzo a esa señora? ─preguntó el niño a su padre, tras ver que él se condolía ante las lágrimas de una mujer de sucias ropas, pies descalzos y cabello greñudo.

─ Porque me nace ser solidario con ella, hijo ─respondió el hombre─. Es una mujer pobre y desvalida; y no tiene de qué obtener su sustento corporal.

El chico miró nuevamente a la mujer, que apuraba con notoria ansia el almuerzo que le había comprado su padre. Pareció entender su drama, mas no así un término usado por su papá.

─ ¿Y qué es ser solidario, papá? ─volvió a preguntar.

─ En el sentido en que yo lo acabo de aplicar, ser solidario es condescender caritativamente con quien padece alguna carencia material o moral. Solidaridad, hijo, es una hermosa virtud mediante la cual ayudamos a quienes sufren, a quienes viven acosados por el tormento de la pobreza absoluta; es socorrer a quien, por cualquier razón, enfrenta alguna contingencia.

El chaval lo interrumpió para anotar algo:

─ Entonces, papá, yo esta semana fui solidario en mi colegio: le compartí mi refrigerio a Julián, pues hace cinco días él no puede llevar nada para consumir durante el descanso, porque sus papás están atravesando una dura crisis económica. ¿Hice bien?

─ ¡Por supuesto, hijo, hiciste muy bien en ayudar a Julián! Fuiste solidario, y eso te hará crecer.

─ ¿Creceré más rápidamente, papi?

─ No, hijo; no crecerás más rápidamente en lo físico por haber sido solidario con tu compañerito. Pero sí serás más grande como ser humano; espiritualmente, te elevarás sobre la indolencia, entenderás que tú te reflejas en los demás cuando te pones en su situación de apremio; y te volverás fuerte porque, por una ley natural, estarás protegido para que tú no caigas como aquellos a quienes has tendido tus manos. Y hasta se te devolverán, en cualquier momento, tus buenas acciones.

El muchacho, que muy atento había escuchado a su padre, apuntó:

─ Entonces, papá, ser solidario trae beneficios. Lo que no comprendo es por qué, habiendo tantas personas desvalidas y pobres, no hay muchos que sean solidarios con ellas, como tú lo fuiste ahora con esa pobre mujer.

─ Porque el egoísmo se ha apoderado de la mayoría, no tienen sensibilidad social, pues creen que las penas de los demás no les incumben. Se consideran inmunes a las angustias que dimanan de la pobreza, el hambre, la sed y otras contingencias; y porque ignoran que su bienestar podrá mantenerse y multiplicarse si ceden un poco de lo que reciben del Señor, que nos provee de todo. Si entendiesen esto último, hijo, media humanidad estaría ayudando a la otra media, desposeída y hambreada.

Hizo una pausa para tocar la cabeza de su hijo, y tomando sus manos entre las suyas, prosiguió su lección:

─ Es triste saber, mi pequeño, que hoy la gente es solidaria únicamente cuando ocurren grandes tragedias: cuando hay un terremoto, que produce muertos y destruye casas; cuando sucede una inundación de fatales consecuencias; cuando alguien registra la muerte de varios de sus parientes en un suceso terrible; cuando los violentos siembran el horror de sus odios y resentimientos; en fin, solamente cuando un profundo golpe estremece el alma humana hay un despertar de la solidaridad de los muchos que, cotidianamente, tienen lo necesario; a veces, se quejan y refunfuñan contra la vida y contra Dios por no tener más.

La avaricia los enceguece, no los deja ver los rostros entristecidos, los cuerpos semidesnudos, los ojos perdidos por el hambre, de sus hermanos humanos que carecen de todo, hasta de esperanza.

Hay quienes intentan ser solidarios, hijo ─prosiguió el buen hombre─ regalando lo que ya no sirve, aquello que tenían programado para arrojar a la basura; a esos más les valdría no obsequiar nada.

A ellos Dios no les envía veneno cuando tienen hambre; sin embargo, creen hacer bien a otros obsequiándoles lo inservible. Y hay también quienes aprovechan las tragedias para hurtar de lo que la gente buena regala con destino a los damnificados. A esos les valdría mayormente cortarse la mano con que cometen ese latrocinio.

─ Gracias, papito, por tu enseñanza de hoy. Nunca voy a dejar de ser solidario con los menesterosos ─anotó el niño─. ¡Ah, allá viene Julián! Iré a compartirle algo de comer con estas monedas que mamá me regaló ─ dijo el niño antes de partir al encuentro de su amigo.

─ ¡Muy bien, hijo! Ve y deja que tu espíritu inunde de amor el corazón de Julián.

Si fuéramos más animales, ...tal vez seríamos más solidarios

 

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